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La IA ya está entrando en las empresas desde abajo hacia arriba.

La IA ya está entrando en las empresas desde abajo hacia arriba.

Si dirigís una empresa y pensás que podés decidir si tus empleados van a usar inteligencia artificial, probablemente ya llegaste tarde.

La realidad es mucho más simple: tus empleados ya tienen acceso a IA y, en muchos casos, probablemente ya la estén utilizando para resolver tareas, redactar textos, buscar información, analizar documentos, programar, preparar presentaciones o simplemente ahorrar tiempo en trabajos repetitivos.

Y esto va a ocurrir aunque la gerencia esté de acuerdo o no.

Podés prohibir ChatGPT, bloquear determinadas herramientas o establecer una política que diga que “no está permitido utilizar IA”. Pero eso no significa que la tecnología deje de estar presente en la organización. Significa que probablemente empiece a utilizarse sin que la empresa lo sepa.

Ahí aparece el verdadero problema.

Porque el debate empresarial ya no debería ser “¿permitimos o no permitimos la IA?”, sino “¿cómo queremos que nuestros empleados la utilicen?”

Una empresa que establece reglas claras puede definir qué información puede introducirse en una herramienta de IA, qué datos son confidenciales, qué tareas pueden automatizarse, qué resultados deben ser revisados por una persona y qué herramientas están autorizadas.

También puede capacitar a sus empleados para que aprendan a utilizarla correctamente y, sobre todo, para que entiendan sus limitaciones. Porque utilizar IA no significa automáticamente trabajar mejor: una respuesta incorrecta, un dato inventado o la filtración de información sensible pueden convertirse en un problema serio si nadie controla el proceso.

Pero intentar evitar que los empleados utilicen IA por completo puede generar otro problema: la empresa puede terminar perdiendo productividad mientras sus propios empleados utilizan herramientas de IA a escondidas para hacer exactamente el mismo trabajo.

Y hay algo todavía más interesante.

El empleado que aprende a utilizar IA puede convertirse en mucho más productivo. Puede resolver determinadas tareas en minutos que antes le llevaban horas, preparar mejor una propuesta, automatizar parte de su trabajo o encontrar soluciones que antes requerían consultar a varias personas.

Entonces, en lugar de preguntarse si los empleados deberían utilizar IA, los responsables de una empresa deberían preguntarse cómo convertir ese uso inevitable en una ventaja para toda la organización.

La IA ya está entrando en las empresas desde abajo hacia arriba.

No siempre llega porque un gerente firma un proyecto millonario de transformación digital. Muchas veces llega porque un empleado descubre una herramienta, la prueba y comprueba que puede hacer su trabajo de una manera más rápida.

La empresa puede ignorar ese proceso, intentar prohibirlo o aprender a gestionarlo.

Pero probablemente no pueda detenerlo.

Porque la discusión sobre si los empleados van a utilizar IA está empezando a quedar vieja.

La pregunta importante ahora es otra:

¿Tu empresa sabe cómo la están utilizando sus empleados y tiene una estrategia para aprovecharla de forma segura?